Acerca de

Nadie te paga por pensar, surgió de la mente de la pequeña Abbey: una escritora en potencia que, gracias a el efecto mariposa un día de marzo cualquiera (algún día se los contaré), terminó siendo contadora.

Nacida para crear historias en sobredosis de cafeína y noches sin dormir, obligada a realizar papeles de trabajo en Excel y maldecir al portal del SAT.

En plena crisis de los 30, decidí dejar de ignorar mis pasiones. Aunque esto no se factura, al menos, me ahorra la terapia.

Este blog no es una guía ni un manifiesto. Es una bitácora íntima y desordenada, donde podrán conocerme, criticarme o, si se animan, aconsejarme. Porque la vida es demasiado corta para tomársela en serio, y demasiado larga como para tragársela en silencio.

Aquí les presento los cuatro pilares inestables de mi mente:

Manual de no supervivencia: Mi vida contada como diario de campo. Spoiler: nunca salgo ilesa.

El algoritmo no me entiende: Opiniones no solicitadas, sarcasmo y verdades incómodas.

Glitter en la herida: Mis letras. Crudas, íntimas, a veces estéticas, pero siempre mias.

Lo que pienso cuando debería estar facturando: Filosofías que surgen de sobreestimulación de oficina, con lentes para vista cansada por el quinto café del día. Reflexiones largas, inútiles y tal vez un poco ciertas.

Pase usted. Sírvase su café, matcha o crisis existencial… que apenas comenzamos.