Había una vez una niña de 12 años que despertó en un mundo que no le pertenecía. No supo cómo llegó aquí, fue un salto súbito del cual no supo cómo regresar. Al principio se sintió maravillada: el calor del verano, los árboles frutales, la manera en la que la luz se filtraba a través de ellos. Ella sabía que no pertenecía a este lugar, pero no tenía recuerdo alguno de cómo volver a su hogar.
Miró el aparato junto a su cama de un color bastante llamativo que después supo que se llamaba teléfono celular. Siempre le ha hecho gracia que este no esté compuesto como tal de células como su cuerpo biológico; los humanos tienen una manera extraña de describir las cosas que los rodean, suele decir entre risas.
La pequeña pantalla mostraba “5 de julio de 2006”.
Todo se sentía tan bello e irreal que compró dos libretas y las comenzó a llenar con los símiles que llegaban a su mente. Encontró unos sitios llamados café internet que, claro, no tenían café por ningún lado. Pero si tenían información. Mucha información. Ella comenzó a aprender cómo funcionaba este mundo de esa manera. Imprimiendo mil y un hojas para leer una vez se ocultaba el sol.
De donde ella viene, el conocimiento debe ser aprendido en la oscuridad y ejercido en plena luz. Simplemente así es como las cosas deberían ser, al menos para ella. Encontró conceptos similares a los de su hogar, como lo son la herbolaria, la cual va ligada a la cocina y algo que aquí llaman brujería. Esa palabra le encanta, ya que pone nervioso a cualquier humano. Adentrándose en esos conocimientos entendió el porqué. Este conocimiento no es nativo de este lugar, alguien lo trajo aquí. Solo alguien con el conocimiento e instrucción de alquimia (el nombre que ella siempre utiliza) puede comprender el alcance de este.
Supo que no estaba sola en este lugar.
Encontró otros conocimientos diluidos: la manifestación, la adivinación, los saltos cuánticos y la alquimia, todos corrompidos por la ignorancia de los humanos y su desinformación. Para ella es increíble el ver como se les dieron las llaves desde hace miles de años y, básicamente, los humanos las fundieron para crear la más rudimentaria espada que pudieron imaginar. Sin embargo, ella decía que, con la maldad que albergan dentro de sí, si tan solo lograran comprender en un nivel básico cómo funcionan en realidad, quién sabría el alcance de destrucción que podrían generar.
Con las redes sociales ella ha podido encontrar a varias personas que “reconoce”. No por su apariencia física, sino por su manejo de las artes anteriormente mencionadas. Su forma de traerlas a este plano es solo de personas que están comenzando a recordar. Me comenta, con un brillo especial en sus ojos el lugar de donde esas personas vienen y la vida que tendrían en dicho lugar. No me queda más que maravillarme y escuchar atentamente cada que la emoción la inunda.
Ahí soy testigo de que la magia de la cual me habla es real.
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